The NAMM show 2026

(ENGLISH VERSION BELLOW)

1046 palabras - 5 min de lectura.

El NAMM Show 2026 ocupó 900,000 pies cuadrados del Centro de Convenciones de Anaheim del 22 al 24 de enero. Los días de exhibición pública reunieron aproximadamente a 110,000 profesionales de la industria según patrones históricos de asistencia. Dentro de esta extensión de exhibidores corporativos y equipo producido en masa, los productores independientes ocuparon espacios modestos. Con frecuencia puestos individuales de apenas tres por tres metros. Sin embargo, estos espacios concentraron una atención desproporcionada de músicos profesionales que se movían deliberadamente entre demostraciones.

Entrada al NAMM show 2026. Anaheim, CA.

Si bien las cifras exactas permanecen confidenciales, observadores de la industria señalaron un crecimiento sostenido en encargos a constructores artesanales desde 2023. Músicos de sesión y compositores buscaban cada vez más instrumentos con personalidades sonoras distintivas. En una era de pistas digitales infinitas y modelado algorítmico, la singularidad física se había convertido en moneda de valor.

La transacción en estos puestos difería fundamentalmente de las exhibiciones corporativas adyacentes. Ningún código QR desencadenaba descargas de especificaciones. Ninguna aplicación de realidad aumentada visualizaba acabados. En su lugar, surgía un diálogo entre constructor e intérprete. Preguntas sobre estilo de ejecución, tamaño de mano, contexto musical. Un lutier podía dedicar cuarenta y cinco minutos a ajustar la curvatura del mástil para un solo visitante antes de que esa persona se marchara sin comprar. La conversación misma tenía valor.

Esta evolución en el NAMM resultaba palpable comparada con ediciones anteriores. En 2020 el evento reunió a 115,888 registrados con marcas principales manteniendo espacios amplios. El puesto de Yamaha ese año abarcaba miles de pies cuadrados y albergaba un concierto estelar con Earth, Wind and Fire y Kenny Loggins. Tras la pandemia la asistencia se contrajo significativamente. Para 2023 los expositores principales habían reducido sus espacios a fracciones de sus dimensiones anteriores. La edición 2026 mantuvo este carácter simplificado.

Elton John impersonator.

Este año las apariciones de celebridades que antes definían el evento fueron mínimas. Artistas como Stevie Wonder, conocido como el "Mayor" del evento, quien estuvo presente en esta edición 2026, o guitarristas como Paul Gilbert, quien también asistió este año, parecían menos centrales en el ritmo actual del encuentro. En ediciones previas también fue posible observar a figuras como Norah Jones, Alicia Keys, Santana o Red Hot Chili Peppers. Su ausencia reciente refleja el cambio en el perfil del evento.

YAMAHA HALL

Instrumentos de orquesta.

Como músico de orquesta en búsqueda de un oboe nuevo, visité los puestos de Buffet Crampon y Yamaha con la esperanza de probar sus modelos de gama alta. El espacio de Yamaha exhibía dos oboes. Un modelo estudiantil en condiciones de funcionamiento. Un modelo profesional con llaves visiblemente dobladas y mecanismo sin respuesta. El personal confirmó que el instrumento no había sido revisado desde su llegada. Su explicación fue objetiva. Nadie viene al NAMM a probar oboes. La afirmación no fue desdeñosa. Fue descriptiva de una realidad de mercado. En el espacio de Buffet Crampon, la venta de instrumentos estaba enfocada en marching bands o jazz. El NAMM sirve principalmente a guitarristas, bateristas, tecladistas, ingenieros de audio. Los instrumentos de doble caña o en general orquestales existen en la periferia, generalmente representados por compañías chinas que ofrecen precios accesibles para high schools o educación, pero nada en el estándar profesional de una orquesta. Esta desconexión entre categorías instrumentales subrayó cuán completamente el evento refleja la demanda comercial en lugar de la amplitud musical.

Bio sonificación

Una excepción al paisaje centrado en instrumentos llamó la atención. Una demostración de bio sonificación utilizando micelio fúngico mostró sensores conectados a hongos vivos traduciendo sus fluctuaciones bioeléctricas naturales en señales MIDI. Estas variaciones en microvoltios, generadas mientras la red micelial respondía a estímulos ambientales, alimentaban sintetizadores que producían paisajes sonoros ambientales. La práctica, a veces llamada sonificación fúngica o biomúsica, permanece experimental pero apunta hacia interfaces no convencionales entre sistemas orgánicos y generación de sonido.

La tensión entre corporación y artesanía resultó complementaria más que antagónica. Los músicos se movían rutinariamente entre constructores boutique y puestos corporativos dentro de la misma hora. Probando una dreadnought hecha a mano antes de evaluar un nuevo pedal de modelado. Estas experiencias satisfacían necesidades distintas dentro del ecosistema de un músico. Una resolvía para carácter. La otra para versatilidad.

Lo que emergió durante mis dos días de observación, viernes 23 y sábado 24 de enero, fue un consenso silencioso entre constructores. La producción en masa excela en consistencia. La artesanía excela en voz. Un intérprete que busca acción idéntica en cincuenta instrumentos elegiría producción fabril. Un intérprete que busca un instrumento que responda de manera única a su tacto buscaría el banco del constructor.

Mientras las luces del centro de convenciones se atenuaban cada tarde y los puestos corporativos apagaban sus pantallas LED, los constructores artesanales guardaban sus herramientas con ritmo deliberado. No estaban vendiendo commodities. Eran guardianes de objetos que entrarían en estudios, escenarios y salas de ensayo. Objetos que, para algunos músicos, se convertirían en colaboradores de por vida.

El acto radical visible en el Salón A3 no fue resistencia al cambio. Fue la insistencia en que ciertas decisiones permanezcan humanas. No porque los humanos superen a las máquinas en medición, sino porque los humanos comprenden el matiz. En una industria que corre hacia la escala, estos constructores preservaron espacio para lo incuantificable. La ligera variación en densidad de madera que crea voz. El ajuste manual que transforma la ejecutabilidad.

Las grabaciones del mañana quizá incluyan instrumentos nacidos de ambos mundos. Pero los instrumentos que desarrollen seguidores devotos, aquellos que los músicos describan como poseedores de una voz, probablemente emerjan de espacios donde las manos aún dan forma a la madera con una intención que ningún algoritmo puede replicar.

El NAMM Show funciona como plataforma para la producción en masa de consumibles de la industria musical. Sin embargo, su valor reside en los márgenes del evento: pequeños constructores, inventores e innovadores cuyas propuestas escapan al radar de las campañas publicitarias masivas. Visitar Fender, Yamaha, Gibson, Roland o Sony representa una repetición de lo que estas empresas dominan con eficiencia, con innovaciones anticipadas por su control del discurso en redes y medios especializados. Lo revelador ocurre fuera del centro: productores sin visibilidad comercial cuyas ofertas enriquecen la práctica musical mediante enfoques personales y no estandarizados.

Carlos Rosas es oboísta de la Orquesta Sinfónica Nacional de México y fotógrafo documental con base en California.


ENGLISH

The 2026 NAMM Show occupied 900,000 square feet of the Anaheim Convention Center from January 22 through 24. Public exhibit days drew approximately 110,000 industry professionals according to historical attendance patterns. Within this expanse of corporate exhibitors and mass produced equipment, independent luthiers occupied modest footprints. Often single booths no larger than ten by ten feet. Yet these spaces drew disproportionate attention from working musicians moving deliberately between demonstrations.

While exact figures remain confidential, industry observers noted sustained growth in commissions to custom builders since 2023. Session musicians and composers increasingly sought instruments with distinct sonic personalities. In an era of infinite digital tracks and algorithmic modeling, physical uniqueness had become premium currency.

Transactions at these booths differed fundamentally from adjacent corporate displays. No QR codes triggered spec downloads. No augmented reality apps visualized finishes. Instead, dialogue unfolded between maker and player. Questions about playing style, hand size, musical context. A luthier might spend forty five minutes adjusting neck relief for a single visitor before that person walked away without purchasing. The conversation itself held value.

This evolution at NAMM felt palpable compared to previous iterations. The 2020 show drew 115,888 registrants with major brands maintaining expansive footprints. Yamaha's booth that year spanned thousands of square feet and hosted an all star concert featuring Earth, Wind and Fire and Kenny Loggins. Post pandemic attendance contracted significantly. By 2023 major exhibitors had reduced booth sizes to fractions of their former dimensions. The 2026 iteration maintained this streamlined character.

Celebrity appearances that once defined the event were minimal this year. Artists like Stevie Wonder, known as the "Mayor" of NAMM, who was present at this 2026 edition, and guitarists like Paul Gilbert, who also attended this year, seemed less central to the current gathering's rhythm. Previous editions also featured figures such as Norah Jones, Alicia Keys, Santana, or Red Hot Chili Peppers. Their recent absence reflects the event's shifting profile.

Orchestral instruments.

As an orchestral musician searching for a new oboe, I visited the Buffet Crampon and Yamaha booths hoping to test their professional models. Yamaha's display held two oboes. A student model in working condition. A professional model with visibly bent keys and unresponsive mechanism. Staff confirmed the instrument had received no maintenance since installation. Their explanation was matter of fact. Nobody comes to NAMM to try oboes. The statement was not dismissive. It was descriptive of market reality. At the Buffet Crampon booth, instrument sales focused on marching bands or jazz applications. NAMM serves primarily guitarists, drummers, keyboard players, and audio engineers. Double reed instruments and orchestral woodwinds exist at the periphery, generally represented by Chinese manufacturers offering affordable options for high schools or educational programs, but nothing meeting professional orchestral standards. This disconnect between instrument categories underscored how thoroughly the event reflects commercial demand rather than musical breadth.

One exception to the instrument focused landscape caught attention. A demonstration of bio sonification using fungal mycelium showed sensors attached to living mushrooms translating their natural bioelectrical fluctuations into MIDI signals. These microvolt variations, generated as the mycelial network responded to environmental stimuli, fed synthesizers producing ambient soundscapes. The practice, sometimes called fungal sonification or biomusic, remains experimental but points toward unconventional interfaces between organic systems and sound generation.

The tension between corporate scale and craft proved complementary rather than antagonistic. Musicians routinely moved between boutique builders and corporate booths within the same hour. Testing a hand built dreadnought before evaluating a new modeling pedal. These experiences served different needs within a musician's ecosystem. One solved for character. The other for versatility.

What emerged during my two days of observation, Friday January 23 and Saturday January 24, was a quiet consensus among builders. Mass production excels at consistency. Craft excels at voice. A player seeking identical action across fifty instruments would choose factory production. A player seeking an instrument that responds uniquely to their touch would seek the builder's bench.

As convention center lights dimmed each evening and corporate booths powered down their LED walls, custom builders packed tools with deliberate rhythm. They were not selling commodities. They were stewarding objects that would enter studios, stages, and practice rooms. Objects that would, for some players, become lifelong collaborators.

The radical act visible across Hall A3 was not resistance to change. It was the insistence that certain decisions remain human. Not because humans outperform machines in measurement, but because humans understand nuance. In an industry racing toward scale, these builders preserved space for the unquantifiable. The slight variation in wood density that creates voice. The hand adjustment that transforms playability.

Tomorrow's recordings may feature instruments born from both worlds. But the instruments that develop devoted followings, the ones players describe as possessing a voice, will likely emerge from spaces where hands still shape wood with intent no algorithm can replicate.

The NAMM Show functions as a platform for mass production of consumables within the music industry. However, its value resides at the event's margins: small builders, inventors, and innovators whose proposals escape the radar of mass advertising campaigns. Visiting Fender, Yamaha, Gibson, Roland, or Sony represents a repetition of what these companies execute efficiently, with innovations anticipated through their control of discourse on social media and specialized publications. The revealing moments occur outside the center: producers without commercial visibility whose offerings enrich musical practice through personal and non standardized approaches.

Carlos Rosas is an oboist with the National Symphony Orchestra of Mexico and a documentary photographer based in California.

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